9/14/2014

MINUTO DOMINICAL

       “Yo olvido,… sólo Dios perdona”


14  de Septiembre  de  2014. 24° Domingo Ordinario – Ciclo  A -     Evangelio de San Mateo 18, 21-35.

          Seguimos caminando con el Maestro. La vida de la Comunidad de los discípulos, de nosotros cristianos, era el centro de sus enseñanzas estos últimos días. Nos había dicho el día anterior “Si tu hermano peca contra ti,..” ..Y Pedro, como siempre, le pregunto sobre un problema concreto: ¿Cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?  Para nosotros siete veces ya era mucho, y toca un problema medular del trato en la comunidad: los desencuentros, los resquemores, los odios, los rencores, las habladurías, las críticas, los  enfrentamientos… ¡Porque existen entre nosotros¡. La pregunta de Pedro acerca sus problemas  a los nuestros y nos acerca  a nosotros al Maestro.

        ¡Yo olvido, pero no perdono¡, o ¡yo perdono pero no olvido¡ ¡Sólo Dios perdona¡ He escuchado estas frases muchas veces. Algun@s l@s apoyan reflexionando que es tan difícil, tan grande, tan elevado perdonar, que ¡El perdón es sólo de Dios nosotros somos humanos¡ Yo olvido pero no perdono. El Maestro perece que conoce nuestras actitudes y la pregunta de Pedro. La comparación que el maestro les presenta y nos presenta responde a los cuestionamientos que arriba recordaba: ¿Sólo Dios  puede perdonar? Nosotros por ser humanos ¿No podemos perdonar?. Creo que los dos protagonistas de la parábola: El rey, que representa al Señor, a Dios, al Maestro y el Siervo, que nos representa a nosotros,  los dos son capaces de perdonar el Señor lo hace y el Siervo no. El Rey se compadeció, lo dejó ir y además le perdonó la  deuda.   …El Siervo no quiso sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara la deuda.

     Ya se lo decimos a  Dios Padre en la oración del Padre Nuestro: Perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden. Y al final de esta comparación o parábola el propio Señor, que identifica al maestro y al Padre Dios sentencia su actitud: ¡Miserable¡ Me suplicaste y te perdoné la deuda, ¿No podías, también tú, tener compasión de tu compañero, como Yo me compadecí de ti?. Está bien claro. La reciprocidad del perdón nos obliga. ¡Se me pide perdonar porque primero he sido perdonado¡. ¡Perdono porque quiero ser perdonado¡ Se me invita  a hacer lo que hacen conmigo y me cuestionan que pida que hagan conmigo lo que yo no hago con los demás. Nos recuerda la Primera Lectura de este Domingo: ¡Cómo! ¿Un hombre guarda rencor a otro hombre y le pide a  Dios que lo sane? No tiene misericordia con otro hombre, su semejante, y ¿suplica por sus propios pecados? Si él, débil y pecador, guarda rencor, ¿quién le conseguirá el perdón? (Eclo 28, 3-5). ¡El Señor es bondadoso y compasivo¡, aclamamos en el Salmo. ¡Sí, podemos perdonar como Dios lo hace con nosotros¡ Y solo si perdonamos seremos perdonados. Saludos.



         P. Esteban Merino Gómez, sdb.

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