7/05/2014



       “Una “yunta” para mi yugo”

06 de Julio  de  2014. 14° Domingo Ordinario – Ciclo  A -     Evangelio de San Mateo 11, 25-30.

          En este domingo, después de los tiempos fuertes de Cuaresma y Pascua y de algunas fiestas como El Corpus, San Pedro y San Pablo, retomamos la lectura continuada del Evangelio Dominical  que este año es  San Mateo. Lo retomamos en el capítulo 11 que nos narra diversas palabras y hechos de Jesús en Galilea.

           El Maestro hizo una pausa en el camino y surgió de su interior una invocación al Padre: “Yo te alabo (te bendigo)(te confieso), Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito”. La oración es un momento de sincerarse con el Padre, a quien confiesa, es decir, acepta, proclama como Padre, agradece y alaba. Su oración es un credo de su vida: te confieso, te alabo, te bendigo,… Bendigo tu voluntad y tus propuestas, acepto y agradezco tus planes para mi vida. Bendigo tu proyecto y tu voluntad sobre mí. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Si Padre porque ese es tu querer y tu plan.

       Después nos invito a seguirlo con un ejemplo del campo que todos los días contemplábamos: ¡Carguen ustedes con  mi yugo¡. El yugo y las yuntas de trabajo las veíamos cotidianamente en los campos y Él lo aplicó a nuestras personas a los pesos y aflicciones de nuestra vida y a nuestra relación con Él. La foto de estos jóvenes nos ayuda a comprender lo que es un yugo. Su peso. La carga que soporta y lo que llevamos con él. El yugo exige una “yunta”, exige dos personas para poder llevarlo. Ese yugo lo describe como mis cargas y pesos: Vengan a mí todos los que están fatigados y sobrecargados, y yo los aliviaré. Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera. Ahí está el “otro” que nos falta, que me falta,  para no llevar el  “yugo”.  Solo, sola, sería imposible llevarlo y destructivo para cualquiera de nosotros. Hay una expresión muy gráfica en Chile: “mi yunta”, aquella persona que es mi compañero, compañera, de camino, que siempre me ayuda, poniendo su hombro, a  llevar mis cargas, mis  tareas, mis dificultades. Jesús nos dice que el yugo es suyo pero en realidad el yugo es nuestro. Lo que hace es apropiárselo y nos pide unirnos  a Él en esta tarea  de llevarlo. Y aquí estamos. Tratando de caminar a su mismo paso y descargando mis pesos y cargas junto a  Él.
 
         Y “MI Yunta”, el Maestro, está junto a mí, con la cabeza baja llevando su carga, mi carga y con sus sonrisa. Y estoy comenzando a aprender, eso que Él llama humildad, a acepar mi limitación, y compartir mi carga con Él. Hasta me ha obligado a mirar al lado, a mirarlo a Él, como un día dijo en Chile San Juan Pablo II, por lo cerca que camina conmigo y a conversar con Él de lo cotidiano. A compartirle mis cargas y agobios. A preguntarle por qué esta dispuesto a llevar mi carga, cuando yo estaría feliz de dejarlo solo llevando la suya.

         Pero sigo caminando. El Maestro me escucha. Calla. Y sigue caminando. Es  “MI yunta”. Si Él no estuviera no podría caminar con mi yugo y su peso. “Mi yunta” hace posible llevar mi yugo. ¡No dejes, Señor, de poner tu hombro debajo de mi yugo para que no me hunda bajo su peso¡. ¡Gracias Maestro¡. Saludos.
      
       
         P. Esteban Merino Gómez, sdb.

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