“Pedro, Pablo, Francisco.. ..y Tú”
Eran
dos judíos. Pedro, pescador del Lago de Galilea que tenía un hermano llamado
Andrés. Fue el primero en ser llamado junto con su hermano a la orilla del
lago. Dejo las redes y lo siguió. Caminó toda Palestina con el Maestro. Escucho, de viva voz, al Maestro. Era recio pescador, trabajador, tozudo,
sencillo y el primero en responder cuando el maestro preguntaba: Les fijo Jesús:
"Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?" Simón Pedro contestó: "Tú
eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo." Como fue el primero en responder cuando se negó a que el maestro
le lavara los pies; o el primero en decir que no negaría al maestro. Aunque
inmediatamente lo hizo. Pedro, estuvo con el Maestro desde el principio,
voluntarioso, tozudo y débil. Es un discípulo, como nosotros. Un católico,
dispuesto, poco constante y débil. Pero con un alma entrega totalmente a
Cristo, aunque fallaba en ocasiones.
El
otro era Pablo. Dicen que era de baja estatura. Aprendió a leer y escribir en
la escuela rabínica de la Sinagoga. Era de Antioquía. Ciudadano romano y culto.
Aparece en la escena de los que están en el Camino, de los Cristianos, en el
martirio de San Esteban, persiguiéndolos y buscando detenerlos y llevarlos a
Jerusalén. Pero la voz del Maestro lo llamó: ¡Saulo, Saulo. ¿Por qué me persigues?¡ Y
cambió su vida. Hizo su Misión Territorial que se extendió por todo el
Mediterráneo. De Antioquía de Siria a Roma, pasando por la Península de Asia Menor
y Grecia. Creo comunidades y las animó son sus cartas. Y cuando llegó su momento
evaluaba su vida diciendo: Yo, por mi parte, estoy llegando al fin y se acerca el
momento de mi partida. He combatido el buen
combate, he terminado mi carrera, he guardado lo que depositaron en mis manos. Sólo me queda recibir la corona
de toda vida santa con la que me
premiará aquel día el Señor, juez justo; y
conmigo la recibirán todos los que anhelaron su venida gloriosa.
(Cf 2 Tim 4, 6-8.17-18. Según Lectura) Y se convirtió siendo adulto, asumiendo
un nuevo rumbo para su vida y haciéndose discípulo misionero. Y los dos se encontraron
en Roma trabajando por la Iglesia. Sosteniendo la Iglesia como muestra el ícono
de la imagen que hoy día hemos elegido. Y en el año 64 respondieron con su vida
de la fe que proclamaban.
Hoy
día, en esa misma Roma, es Francisco quien peregrina y nos invita a vivir la alegría de
la Fe. En esta fiesta del Papa o del sucesor de Pedro. Francisco que
nos llama ser una
iglesia pobre y despegada de lo que no sea Cristo. Iglesia
misericordiosa y misionera. Iglesia de discípulos misioneros.
Iglesia de testigos como Pedro, humilde y fiel al Maestro, aunque débil. Iglesia que
escucha y acoge el camino de la fe, en ocasiones débil como la de
Pedro, o fogosa, impetuosa y misionera, como
Pablo, cansada y desorientada, en estos tiempos y culturas nuevos,
como la nuestra.
Y en esta Iglesia estás TÚ. En la iglesia de Pedro y de Pablo, mártires y testigos. En la Iglesia del griego y del
latín. Iglesia del castellano, del
inglés, francés o alemán,… como
Francisco, como nosotros. Iglesia de
comunidades, pastores y fieles. Iglesia de ellos y nuestra. Iglesia del día
Domingo. Iglesia de mis mayores y de mis hijos. Iglesia de mi bautismo, de mis
fiestas y acontecimientos vitales. Iglesia en mis tristezas y resurrecciones.
Mi Iglesia de todos los días. Como dice el Maestro: sobre esta piedra, Pedro, edificaré mi
Iglesia. Su Iglesia. La del Maestro. La tuya y la mía. La Iglesia de Pedro,
Pablo, Francisco.. ..y tuya, y mía. Con tu Iglesia que es la mía. Con tu fe que es la mía. Con tu
compromiso misionero que es el mío, con tu Pastor, que es el mío. Con la fe de
Pedro, de Pablo, de Francisco, que son de los nuestros, de los de Cristo. Y Tú
¡No
te quedes fuera¡. Saludos.
P. Esteban
Merino Gómez, sdb.
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