“Oír, entender, dar fruto”
Aquel día, salió
Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a él,
que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la
ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas Había mucha gente. Y comenzó a hablar del Reino de Dios; de lo
que era la razón de su vida y de su ministerio. El Reino de Dios, o como Mateo
dice: el Reino de los Cielos. No encontró mejor forma de hacerlo que subiéndose
a la barca y con unas comparaciones sacadas de la vida de la gente y que todos entendían porque tocaban lo
cotidiano de sus vidas.
En el Reino hay un sembrador. Hay una tarea de siembra.
Hay unos campos.
Hay una semilla:
la Palabra del Reino. Todo junto es el
Reino. Tenemos el don de la explicación de Jesús. La semilla es
la
palabra del Reino, es el Reino.
Es su mensaje, su siembra. Salió un sembrador a sembrar. El sembrador es el Maestro. El sembrador sigue
sembrando y esparciendo, abundantemente su semilla, en campos promisorios de
buena tierra y en campos que, a primera vista, dan poca esperanza de fruto:
campos de roca, piedras, malezas, duros y pisados como un camino,… …que no quieren oír, que no quieren ver, que
no quieren entender y se ha embotado el corazón, y no quieren convertirse y sanar.
Y hay que sembrar. Es
tiempo de Misión Continental. El campo es nuestro tiempo. Nuestra historia. Hay
que salir y acercarse a toda tierra, a todo corazón, a toda persona, a todas
las experiencias humanas que endurecen la piel llenando de piedras la mochila
que cargamos en nuestra peregrinación
vital, a los caminos duros donde rebota la
semilla, a campos de abrojos y malezas que ahogan toda propuesta. Es tiempo de
sembrar, con la abundancia y del corazón del Maestro. Sembrar sin mirar. Sembrar
para todos con la universalidad del propio Reino. Porque la palabra es fuerte y
eficaz: Así como baja la lluvia y la nieve
de los cielos y no vuelven allá sin haber empapado la tierra, sin haberla
fecundado y haberla hecho germinar, para que dé la simiente para sembrar y el
pan para comer, así será la palabra que salga de mi boca. No volverá a mí con las manos vacías sino
después de haber hecho lo que yo quería, y haber llevado a cabo lo que le
encargué. (Cfr. Is 55. 1-10)
Y
la semilla es su Palabra. El corazón del reino. El modo de vida del
Maestro. Las opciones de sociedad del Dios de Jesús. La ética de comunidad para
sembrar en la historia nuevas posibilidades humanas y abrir nuevos espacios a
las tierras olvidadas y cemento
ciudadano de la soledad en medio de la multitud. El corazón del Reino
son las palabras y actitudes de Jesús, el Maestro, sus hechos y sus dichos. Esa
es nuestra siembre, nuestra propuesta y nuestra semilla.
No
sé si quieres pensar que eres sembrador, o campo, o semilla,…. ..pero, el final de la explicación de la
parábola que da Jesús me ha rememorado los pasos de una “lectura orante de la
Palabra”, de una “Lectura orante del Reino en nuestras vidas”, en nuestras
tierras, en nuestros campos, en busca de
una fructificación. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye
la palabra y la entiende: éste sí que da fruto y produce, uno
ciento, otro sesenta, otro treinta. OIR: ¿Qué dice el Señor?. ENTENDER: ¿Qué me dice el Señor?
Escuchar con el corazón. Contemplar y profundizar su palabra. DAR FRUTO:
¿Qué le digo al Señor? ¿A qué me invita o compromete el Señor?. Para que
leyendo la palabra lea mi vida, y en mi vida procure escuchar con el corazón, y aprendiendo a
escuchar logre dar fruto. Por eso le invito a hacer de la Palabra de Dios su
vida, y hacer de su vida una lectura de Dios contrastándose con su Palabra. Saludos.
P. Esteban
Merino Gómez, sdb.
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