7/12/2014

MINUTO DOMINICAL

MINUTO DOMINICAL

       “Oír, entender, dar fruto”

13 de Julio  de  2014. 15° Domingo Ordinario – Ciclo  A -     Evangelio de San Mateo 13, 1-23.
 
          Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas Había mucha gente. Y comenzó a hablar del Reino de Dios; de lo que era la razón de su vida y de su ministerio. El Reino de Dios, o como Mateo dice: el Reino de los Cielos. No encontró mejor forma de hacerlo que subiéndose a la barca y con unas comparaciones sacadas de la vida de la gente y  que todos entendían porque tocaban lo cotidiano de sus vidas.

             En el Reino hay un sembrador. Hay una tarea de siembra. Hay unos campos. Hay una semilla: la Palabra del Reino. Todo junto es el  Reino. Tenemos el don de la explicación de Jesús.  La semilla es  la palabra del Reino, es el Reino. Es su mensaje, su siembra. Salió un sembrador a sembrar. El sembrador es el Maestro. El sembrador sigue sembrando y esparciendo, abundantemente su semilla, en campos promisorios de buena tierra y en campos que, a primera vista, dan poca esperanza de fruto: campos de roca, piedras, malezas, duros y pisados como un camino,…  …que no quieren oír, que no quieren ver, que no quieren entender y se ha embotado el corazón, y no quieren  convertirse y sanar.

          Y hay que sembrar. Es tiempo de Misión Continental. El campo es nuestro tiempo. Nuestra historia. Hay que salir y acercarse a toda tierra, a todo corazón, a toda persona, a todas las experiencias humanas que endurecen la piel llenando de piedras la mochila que cargamos en  nuestra peregrinación vital, a los caminos duros  donde rebota la semilla, a campos de abrojos y malezas que ahogan toda propuesta. Es tiempo de sembrar, con la abundancia y del corazón del Maestro. Sembrar sin mirar. Sembrar para todos con la universalidad del propio Reino. Porque la palabra es fuerte y eficaz: Así como baja la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y haberla hecho germinar, para que dé la simiente para sembrar y el pan para comer, así será la palabra que salga de mi boca.  No volverá a mí con las manos vacías sino después de haber hecho lo que yo quería, y haber llevado a cabo lo que le encargué. (Cfr. Is 55. 1-10)

          Y la semilla es su Palabra. El corazón del reino. El modo de vida del Maestro. Las opciones de sociedad del Dios de Jesús. La ética de comunidad para sembrar en la historia nuevas posibilidades humanas y abrir nuevos espacios a las tierras olvidadas y cemento  ciudadano de la soledad en medio de la multitud. El corazón del Reino son las palabras y actitudes de Jesús, el Maestro, sus hechos y sus dichos. Esa es nuestra siembre, nuestra propuesta y nuestra semilla.
           
         No sé si quieres pensar que eres sembrador, o campo, o semilla,….   ..pero, el final de la explicación de la parábola que da Jesús me ha rememorado los pasos de una “lectura orante de la Palabra”, de una “Lectura orante del Reino en nuestras vidas”, en nuestras tierras,  en nuestros campos, en busca de una fructificación. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la palabra y la entiende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta. OIR: ¿Qué  dice el Señor?. ENTENDER: ¿Qué me dice el Señor? Escuchar con el corazón. Contemplar y profundizar su palabra. DAR FRUTO: ¿Qué le digo al Señor? ¿A qué me invita o compromete el Señor?. Para que leyendo la palabra lea mi vida, y en mi vida procure  escuchar con el corazón, y aprendiendo a escuchar logre dar fruto. Por eso le invito a hacer de la Palabra de Dios su vida, y hacer de su vida una lectura de Dios contrastándose con su Palabra.  Saludos.


         P. Esteban Merino Gómez, sdb.

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