7/18/2014

MINUTO DOMINICAL
“Sembrando el Reino”
20 de Julio  de  2014. 16° Domingo Ordinario – Ciclo  A - Evangelio de San Mateo 13, 24-43

       ….Y salió el sembrador a sembrar… Y la semilla de la Palabra del Reino comenzó a esparcirse por muchos terrenos, caminos y pedregales,..  era semilla buena y creció, y echó raíces en la historia. Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña.  La semilla era buena: ¿De dónde pareció la cizaña? Algún enemigo ha hecho esto. ¿Quieres, pues, que vayamos a quitarla? Pero el Maestro nos hizo ver que crece siempre junto al trigo, junto a la buena semilla. Que están una al lado del otro, que hasta se rozan y que es muy riesgoso pretender extirparla porque se puede eliminar el bien si pretendemos acabar con todo el mal. Y la dejamos. Y el Reino sigue creciendo. Y hay maleza al lado del bien. Y hay que esperar a la cosecha definitiva. Dejen que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recojan primero la cizaña para quemarla, y el trigo recójanlo en mi granero. Al final lo bueno se guarda y permanece.

         Caminábamos por el campo. Y un arbusto de mostaza dio al Maestro otra sugerencia  para hablarnos del Reino. ¿Conocen la semilla de la mostaza? Por supuesta que todos la conocemos. ¿Qué tiene de especial, pensamos? Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas. Ahí entendimos. ¡Que grande es lo pequeño cuando lo pequeño es el Reino de Dios¡

         Al llegar a la  casa la suegra de Pedro estaba haciendo pan. Se preparaba  a poner la levadura, una pequeña cantidad para amasarla y mezclarla con la masa. Lo habíamos visto muchas veces en nuestras casas. Pero el Maestro, de nuevo, nos hizo reparar en un gesto tan habitual y cotidiano como el de amasar el pan. ¿Han visto la pequeña cantidad de harina  que ha colocado? Todos lo habíamos visto siempre y conocíamos que era suficiente esa pequeña cantidad para que  cubriendo luego la masa con una manta, en un tiempo, fermentara y creciera su volumen. El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo. Nos quedamos callados. El reino crece en medio del mal y no hace el mal. Lo pequeño de Dios es más grande que las grandezas aparentes de nuestras suficiencias. En el silencio la masa del Reino fermenta la historia. ¡Buena siembra del Reino¡. Saludos.


P. Esteban Merino Gómez, sdb

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