MINUTO
DOMINICAL
“Sembrando
el Reino”
20 de Julio de 2014. 16° Domingo Ordinario – Ciclo A - Evangelio de San Mateo 13, 24-43
….Y salió el sembrador a sembrar… Y la semilla de la Palabra del Reino
comenzó a esparcirse por muchos terrenos, caminos y pedregales,.. era semilla buena y creció, y echó raíces en
la historia. Cuando brotó la hierba y produjo fruto,
apareció entonces también la cizaña. La semilla era buena: ¿De dónde pareció
la cizaña? Algún enemigo ha hecho esto. ¿Quieres, pues,
que vayamos a quitarla? Pero el Maestro nos hizo ver
que crece siempre junto al trigo, junto a la buena semilla. Que están una al
lado del otro, que hasta se rozan y que es muy riesgoso pretender extirparla
porque se puede eliminar el bien si pretendemos acabar con todo el mal. Y la
dejamos. Y el Reino sigue creciendo. Y hay maleza al lado del bien. Y hay que
esperar a la cosecha definitiva. Dejen que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al
tiempo de la siega, diré a los segadores: Recojan primero la cizaña para
quemarla, y el trigo recójanlo en mi granero.
Al final lo bueno se guarda y permanece.
Caminábamos por el campo. Y un arbusto de mostaza dio al
Maestro otra sugerencia para hablarnos
del Reino. ¿Conocen la semilla de la mostaza? Por supuesta que todos la
conocemos. ¿Qué tiene de especial, pensamos? Es ciertamente más pequeña que cualquier
semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta
el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas. Ahí
entendimos. ¡Que grande es lo pequeño cuando lo pequeño es el Reino de Dios¡
Al llegar a la casa
la suegra de Pedro estaba haciendo pan. Se preparaba a poner la levadura, una pequeña cantidad
para amasarla y mezclarla con la masa. Lo habíamos visto muchas veces en
nuestras casas. Pero el Maestro, de nuevo, nos hizo reparar en un gesto tan
habitual y cotidiano como el de amasar el pan. ¿Han visto la pequeña cantidad
de harina que ha colocado? Todos lo
habíamos visto siempre y conocíamos que era suficiente esa pequeña cantidad
para que cubriendo luego la masa con una
manta, en un tiempo, fermentara y creciera su volumen. El Reino de los Cielos es semejante a la
levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que
fermentó todo. Nos quedamos callados. El reino crece en medio del
mal y no hace el mal. Lo pequeño de Dios es más grande que las grandezas
aparentes de nuestras suficiencias. En el silencio la masa del Reino fermenta
la historia. ¡Buena siembra del Reino¡. Saludos.
P. Esteban Merino Gómez, sdb
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