“¡Reciban el Espíritu Santo¡”
Al atardecer de aquel día,
el primero de la semana… Todo comenzó con la resurrección del Maestro.
Su soplo llenó nuestros pulmones y comenzamos a respirar, a pensar, a caminar,
a sentir, a orar,.. a hacerlo todo de
forma diferente. Reciban el Espíritu Santo. Y todo
comenzó a cambiar. Y eso sucedía
de forma continua, habitual, en las comunidades y en los viajes y trabajos
misioneros.
Reciban el Espíritu Santo. San Lucas escuchó unas experiencias semejante aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y fueron posándose sobre
cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo (Hech 2, 3) y con este fuego supieron
aprender las lenguas de muchas culturas y pueblos y se hicieron misioneros en
ciudades nuevas: Mesopotamia, Judea, Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia, Panfilia,
Egipto y de la parte de Libia que limita con Cirene. ..Roma.. cretenses y
árabes, y las voces se hacían comprensibles y oraban al mismo Señor
y leían la misma palabra del Maestro, y relataban en todos esos idiomas los
hechos y milagros que habían visto.
Reciban el Espíritu Santo. Y llego a nuevas tierras y a nuevos continentes:
¿Porque los discípulos eran muy inteligentes o sabios? ¿Por que tenían muchos
medios y poder? ¿Porque los poderosos los apoyaban y les
prestaban su moradas y palacios? ¿Porque eran cultos y considerados por su posición en la ciudad? …. No eran nada de esto. Eran pescadores, cobradores
de impuestos, judíos comunes, iletrados e incultos,.. Y lo hicieron.
Y su eco llegó a hasta nosotros, y travesó la historia y las culturas, y
no hay lugar donde no se sepa el nombre de nuestro Maestro: Jesús.
Reciban el Espíritu Santo. Y nos hizo comunidad que al unísono proclama el
mismo credo. Nadie
puede decir: "¡Jesús es el Señor!",
sino con un espíritu santo. Hay diferentes dones espirituales, pero el Espíritu
es el mismo. Hay
diversos ministerios, pero el Señor es el mismo. Hay diversidad de obras, pero es el mismo Dios
quien obra todo en todos. La
manifestación del Espíritu que a cada uno se le da es para provecho común (1 Cor 12, 4-7). Y la pequeña
barca de los creyentes navegó los tempos y los idiomas e hizo testigos en cada
uno con el Espíritu. Y así a uno se le da, ..a otro, palabra, ..a otro, el don de la
fe, …a otro, el don de hacer curaciones, ..a otro, poder de hacer milagros; a
otro, profecía; a otro, reconocimiento de lo que viene , …a otro, hablar en
lenguas; a otro, interpretar ….Y todo esto es obra del mismo y único Espíritu,
que da a cada uno como quiere. Y hace a la Iglesia sabia en nuevos
idiomas y lenguas, intérprete de nuevas melodías, pintora de la fe en nuevas
razas y colores de piel, doctora de lo
inefable y hermeneuta de lo que está todavía escondido; y eran, y somos, y
seguiremos siendo, pescadores asustados
que tememos hundirnos pero que en la zozobra confiamos echar de nuevo las
redes: ¡Porque
Tú lo mandas, Señor¡.
Reciban el Espíritu Santo. ¡Danos, Señor, un nuevo Pentecostés, para que
podamos reaprender a escuchar tu respiro en la alegrías, en las tristezas, en
el sentir y respirar del hombre y de la mujer de nuestro tiempo¡ Y unidos al Papa Francisco y a quienes
representan al pueblo judío y a los pueblos musulmanes, oremos por la paz y
comprensión de lenguas y culturas. ¡Danos, Señor,
un Nuevo Pentecostés¡. Así sea.
P. Esteban
Merino Gómez, sdb.
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