6/14/2014

“¡Signados en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo¡”

“¡Signados en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo¡”

15 de Junio  de  2014. Solemnidad de la Santísima Trinidad – Ciclo - A -     Evangelio de San Juan 3, 16-18


¡Yo te signo con  la Señal de Cristo Salvador¡ Con estas palabras se abrió para nosotros la puerta del Templo cuando entramos por primera vez en él. Y los Domingos cuando nos reunimos para la misa el sacerdote nos saluda diciendo: La gracia de Cristo Jesús, el Señor, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes. (Segunda lectura de la liturgia de este día).
           
           Repetimos tres veces “Creo” como resumen de nuestra fe            y recordando al Padre, a su Hijo Jesús y al Espíritu Santo, signo distintivo de lo que los cristianos afirmaos y creemos que se convierte en tarea y compromiso de lo que debemos vivir. En cada Eucaristía desde el inicio: En el nombre del  Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo hacemos nuestro culto, oramos, alabamos, pedimos y adoramos a Dios que es Comunidad y familia a quien aclamamos: ¡Por Cristo, con Él y en Él a ti Padre Omnipotente en la unidad de Espíritu Santo, todo honor y toda gloria  por los siglos de los siglos.  Amén. Así concluimos con nuestro amén, con nuestra ratificación la alabanza a las tres personas de la Trinidad. Oramos lo que creemos y creemos lo que oramos.

      Esta fiesta nos es solamente expresión litúrgica, sino también y sobre todo, vida cristiana. Ante el Padre que tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna, nos sentimos hijos y oramos, solos y en la asamblea litúrgica: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado se tu Nombre,… reconociendo que siempre necesitamos su acogida, como el hijo pródigo, su paternidad, su cercanía y su perdón.
Ante Cristo, el hermano, cercano, amigo, podemos sincerarnos porque Él, al hacerse humano, uno de nosotros, hombre verdadero, conoce lo que es sentir en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu, y nos hace ver y sentir el rostro de Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse y rico en amor y fidelidad. (Primera lectura de la liturgia de este día). Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Y  Cristo se hizo para nosotros compasión y salvación.
Ante el Espíritu Santo, a quien suele costarnos orar, hacemos silencio para que nos moldee como  el vaso de barro del alfarero, y como manos de Dios vaya haciendo dúctil y moldeable nuestro barro, ayudándonos  a discernir, a elegir bien, a orar desde el corazón, a reconocer nuestro pecado y ponga su sello de marca de fábrica  son sus  dones: sabiduría para ver los caminos,  entendimiento para profundizar, consejo para acompañar,  fortaleza para las caídas, ciencia para la humildad, piedad para la oración y  temor de fallar al Dios que es amor.

El nombre del  Padre,… y con todos los papás que hoy recordamos  en su día, con los padres, los papás que nos han llevado al Padre Dios, con los papás que no siempre están,…. Pedimos que Dios nos haga familia, como Él mismo es familia Padre, Hijo y Espíritu Santo. Así sea. Saludos.


         P. Esteban Merino Gómez, sdb.

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