“¡Signados en el Nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo¡”
¡Yo te signo con la Señal de Cristo Salvador¡ Con estas palabras se abrió para nosotros la
puerta del Templo cuando entramos por primera vez en él. Y los Domingos cuando
nos reunimos para la misa el sacerdote nos saluda diciendo: La gracia de
Cristo Jesús, el Señor, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean
con todos ustedes. (Segunda lectura de la liturgia de este día).
Repetimos tres veces “Creo” como resumen de nuestra fe y recordando al Padre, a su Hijo
Jesús y al Espíritu Santo, signo distintivo de lo que los cristianos afirmaos y
creemos que se convierte en tarea y compromiso de lo que debemos vivir. En cada
Eucaristía desde el inicio: En el nombre del
Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo hacemos nuestro culto,
oramos, alabamos, pedimos y adoramos a Dios que es Comunidad y familia a quien
aclamamos: ¡Por
Cristo, con Él y en Él a ti Padre Omnipotente en la unidad de Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria por los siglos
de los siglos. Amén. Así
concluimos con nuestro amén, con nuestra ratificación la alabanza a las tres
personas de la Trinidad. Oramos lo que creemos y creemos lo que oramos.
Esta fiesta nos es solamente expresión
litúrgica, sino también y sobre todo, vida cristiana. Ante el Padre que tanto amó
Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no
perezca, sino que tenga vida eterna, nos sentimos hijos y oramos,
solos y en la asamblea litúrgica: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado se tu
Nombre,… reconociendo que siempre necesitamos su acogida, como el
hijo pródigo, su paternidad, su cercanía y su perdón.
Ante Cristo, el hermano,
cercano, amigo, podemos sincerarnos porque Él, al hacerse humano, uno de
nosotros, hombre verdadero, conoce lo que es sentir en nuestro cuerpo y en
nuestro espíritu, y nos hace ver y sentir el rostro de Dios compasivo y
bondadoso, lento para enojarse y rico en amor y fidelidad. (Primera
lectura de la liturgia de este día). Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar
al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Y Cristo se hizo para nosotros compasión y
salvación.
Ante el Espíritu Santo, a
quien suele costarnos orar, hacemos silencio para que nos moldee como el vaso de barro del alfarero, y como manos
de Dios vaya haciendo dúctil y moldeable nuestro barro, ayudándonos a discernir, a elegir bien, a orar desde el
corazón, a reconocer nuestro pecado y ponga su sello de marca de fábrica son sus
dones: sabiduría para ver los caminos,
entendimiento para profundizar, consejo para acompañar, fortaleza para las caídas, ciencia para la
humildad, piedad para la oración y temor
de fallar al Dios que es amor.
El nombre del Padre,… y con todos los papás que hoy recordamos
en su día, con los padres, los papás que nos han llevado al Padre Dios,
con los papás que no siempre están,…. Pedimos que Dios nos haga familia, como
Él mismo es familia Padre, Hijo y Espíritu Santo. Así sea. Saludos.
P. Esteban
Merino Gómez, sdb.
.png)
No hay comentarios:
Publicar un comentario