10/19/2013



img_2500_ch[1]MINUTO DOMINICAL
 “Siempre conectados”

img_2500_ch[1]20 de Octubre de 2013.   Domingo 29° Tiempo Ordinario.
Ciclo C –  Evangelio de San Lucas 18, 1-8

El celular, el móvil,… no podemos olvidarlo. Tenemos que estar siempre conectados. A toda hora. En cualquier lugar. Hasta suenan los celulares en plena eucaristía dominical (aunque no son llamadas de Dios). Es una necesidad impostergable estar y sentirnos comunicados.  Jesús enseñó con  una parábola que era preciso orar siempre sin desanimarse.  ,…Había en aquella misma ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: "¡Hazme justicia contra mi adversario!" Estar siempre conectad@s, vinculad@s, religad@s, relacionad@s, conectad@s,... Eso es lo que significa ser creyente discípul@,… Es como tener el celular, el móvil, siempre conectado con Dios, a lo largo de toda la jornada, no pagarlo nunca, y estar siempre atento a la llamada,  sabiendo que Él siempre me escucha. La Sra.  viuda estaba segura que el juez la escucharía. ¿No hará Dios justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche? ¿Les hará esperar?  Les digo que les hará justicia pronto.

Hay una oración, como la de la viuda, que es, por su urgencia y necesidad, como una oración extrema, una cadena de oración, una súplica que se atreve a pedir un milagro, una oración que pide la sanación de una enfermedad. Es como, como dice el papa Francisco, un grito a Dios desde el sufrimiento y la limitación humana.  Es una oración sufrida, profunda, necesitada,… pero ocasional por su urgencia, y causante, en ocasiones, de un olvido de Dios, si es que su voluntad no coincide con mi esperanza. 

Hay una oración habitual. Esta es la que más y mejor nos define como creyentes: siempre conectados con Él, en las alegrías y en las tristezas, en el pecado, en las caídas. Es la oración del fiel, del discípulo, que sabe que cuanta con  Él, que conjuga su vida, en lo grande y en lo pequeño, con el Maestro. Es oración del domingo, del inicio de la jornada; recuerdo en la mesa  con mi familia y agradecimiento en mi cumpleaños, agradecimiento y alabanza por mis hijos, y súplica silenciosa diaria cuando sufro por los que amo y me cuesta aceptar su voluntad.

Hay una oración cotidiana, esa que me recuerda mi finitud y limitación, que pone mi vida en contacto con Dios, como adoración y reconocimiento del Señor, y que enfoca mi vida desde un  perspectiva nueva, más allá, más profunda que mis esperanzas y más plena que mis logros. Es la oración salmo: que hace vida diaria el sentido del pecado como petición de perdón, la alabanza por la creación, la suplica en el fracaso o el dolor, la necesidad de su presencia en la lucha diaria, en la duda de la fe, en el  cansancio y pesimismo, en la dificultad de la acción,… en lo que cuesta cada día, consagrando el tiempo y la jornada en el Señor.

Hay un oración continua, que no necesita de las palabras. Que está en corazón como la preocupación, la espina, la necesidad o el deseo y que cuando aflora en mi pensamiento se hace oración, porque Tú Señor, lo conoces  y me conoces en el corazón. A ejemplo de san Agustín podemos decir: tu deseo es tu oración.

Si hasta el deseo es una súplica podemos estar siempre conectados. ¿No hará Dios justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche? La constancia, comunicación, conexión permanente con Él es nuestro desafío.  El no falla. Saludos.



                                                           P. Esteban Merino Gómez, sdb.

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