MINUTO DOMINICAL“Fe agradecida”
13 de Octubre
de 2013. Domingo 28° Tiempo Ordinario.
Ciclo C – Evangelio de San Lucas 17, 11-19
Era un samaritano con una vida difícil.
Leproso. Marginado de su pueblo, serado de
la gente; gritando o avisando con
una campanilla su cercanía para que los demás se alejen. La ley los separa del
resto de los mortales y los margina.
Sufre con su enfermedad incurable, con el
cáncer de esos tiempos: la lepra. Cáncer social y cáncer religioso pues hasta
su fe se ve involucrada por la
enfermedad que sufre y lo margina de la Comunidad del Pueblo de Dios. No estaba solo. Son
Diez. Se juntaban en los arrabales de los pueblos, en cuevas y boquerones de
las rocas para ayudarse y protegerse del
frío y de la lluvia, donde las familias procuraban llevarles algo para ayudar en su supervivencia.
Ya han escuchado hablar del Maestro. Cuando lo ven de lejos, sabiendo
que no podrán acercarse a la gente pues éstos los apedrearían, comienzan a gritarle: «¡Jesús, Maestro, ten
compasión de nosotros!» Lo llaman
por su nombre: Jesús, Dios que Salva, y lo apelan como Maestro pidiendo su
misericordia y salvación. Tan seguros están de que el Maestro los sanará que
inmediatamente al escuchar sus palabras se van todos a la ciudad a cumplir lo
que el Levítico les exigía: Vayan y preséntense a los sacerdotes. Y sucedió que,
mientras iban, quedaron limpios.
Y uno volvió. Todos tenían fe. Todos
quedaron sanados. Pero especialmente uno vivió, no solamente la sanción del
cuerpo sino una experiencia espiritual. Uno de ellos, viéndose
curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz, y, postrándose rostro en
tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Este era un
samaritano. No era un incrédulo, pero si un separado o hereje.
Pero Volvió. Dios lo había sanado en su piel, en su cuerpo, pero más
aún, en su corazón, en su fe. Lo reconoció. Y respondió con el corazón hecho
oración: …se
volvió glorificando a Dios en alta voz, …postrándose rostro en tierra a los
pies de Jesús, le daba gracias; …daba gloria a Dios este extranjero. Gloria
a Dios, alabanza al Señor, dar Gracias (Eucaristía), al Señor. Hace de su vida sanada, una
Eucaristía con la que alaba y agradece al Señor.
Y de extranjero… a creyente, a discípulo, a miembro de la
comunidad de los discípulos. Lástima que
es uno solo. Uno de diez. El diez por
ciento. Entre nosotros no llegamos a ese
número. Pedimos gracias, milagros, signos, …pero no solemos dar gracias a Dios.
Hacemos y pedimos eucaristías, misas, por los hermanos y familiares difuntos,
por los enfermos, pidiendo su sanación, por las necesidades que tenemos, pero
pocas misas, pocas eucaristía pedimos y celebramos para dar gracias pos sus
milagros en nuestras vidas, y no solemos volvernos a agradecer los favores, los
dones , las gracias, los bienes recibidos. Pedimos más milagros de lo que
agradecemos los dones recibidos. «Levántate y vete; tu
fe te ha salvado.» Levántate
para dar gracias, para hacer eucaristía
cada día, para hacer eucaristía este domingo, porque Dios te ha sanado. ¡Levántate, agradece tu fe¡
Saludos.
P. Esteban
Merino Gómez, sdb.
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