9/12/2015

“El que quiera seguirme…”  

            13 de Septiembre de 2015 – Domingo 24° del Tiempo Ordinario -Evangelio de San Marcos 8, 27-35

            Estamos en la mitad del evangelio de san Marcos y el relato de este día, con la pregunta de Jesús a sus discípulos, es el paso entre su acción en Galilea y el inicio de su camino hacia Jerusalén, hacia su pascua, hacia su muerte. Con esta pregunta pareciera querer confirmar el camino recorrido e iniciar el nuevo rumbo que involucrará el final de su vida y el sentido de su muerte. Estos versículos tienen, en el evangelio de Marcos, el carácter de bisagra que divide en dos, las dos partes  de un libro abierto por su mitad, con un enunciado que pone título al futuro inmediato que viene: Luego comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los notables, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley, que sería condenado a muerte y resucitaría a los tres días. 
            La  pregunta que nos hace el Maestro es para hacer un diagnóstico del camino recorrido y ayudarnos a ser conscientes del mismo. "¿Quién dice la gente que soy yo?"…   "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?". Nunca volverá  a hacernos una pregunta semejante en todo el camino que recorrimos con Él. Por eso que es una interrogación que exige respuesta clara y directa, como lo es la pregunta. Las opiniones que le damos por lo que hemos oído de otras personas no le satisfacen. Quiere nuestra adhesión personal que se resiente inmediatamente con la conversación que entabla con Pedro a quien reprenderá duramente por la oposición a la segunda parte del camino que el Maestro nos propone: El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga. Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida (por mí y) por el Evangelio, la salvará.
            Las palabras tajantes y duras que le dice a Pedro nos sorprenden. No suele hablarnos de esta manera. Y a  nosotros  nos resulta incompresible que esté pensando ir a Jerusalén afirmando que será ejecutado. ¡Nosotros que lo consideramos el mesías¡. Les hablaba de esto con toda claridad. Pero la cruz, el fracaso del que habla, la exigencia que propugna no es fácilmente aceptable. Por eso nuestro rechazo personificado en el deseo de Pedro que hacerlo cambiar de opinión.
            De aquí en adelante hablará frecuentemente de la cruz, del camino de la cruz. Este tema se encuentra encuadrado entre la curación de dos ciegos: el ciego de Betsaida (8,22) y el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo (10, 46). Y en este recorrido tres veces habla de su pasión: en el  relato de hoy (8, 31); El Hijo del hombre que va a ser entregado en manos de los hombres (9, 31) y: “como ven ustedes  vamos Jerusalén  donde el Hijo del  hombre  va a ser entregado” en (10, 33). Los relatos de los ciegos parecen indicar que son, somos,  los discípulos quienes realmente son, somos,  ciegos y no ven, no vemos, o no queremos ver, porque no queremos aceptar el camino de la cruz de la que el Maestro nos está hablando: El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga.
            Y lo seguimos. Pero continúa costándonos tomar la cruz. Nos parece un fracaso. Nos parece la pérdida de la vida en algo improductivo. Nos cuesta ser tachados de perdedores y fracasados. ¡Pero queremos seguirlo¡. Y siguen resonando sus palabras finales: Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida (por mí y) por la Buena Noticia, la salvará. ¿Tomamos la cruz?. No somos masoquistas que la buscamos pero sí la asumimos cuando aparece en el camino siguiendo al Maestro. ¡Animo¡ Saludos.


                                                                                       
P. Esteban Merino Gómez, sdb.

No hay comentarios: