“El que quiera seguirme…”
13 de Septiembre de 2015 – Domingo 24° del Tiempo
Ordinario -Evangelio de San Marcos 8, 27-35
Estamos
en la mitad del evangelio de san Marcos y el relato de este día, con la
pregunta de Jesús a sus discípulos, es el paso entre su acción en Galilea y el
inicio de su camino hacia Jerusalén, hacia su pascua, hacia su muerte. Con esta
pregunta pareciera querer confirmar el camino recorrido e iniciar el nuevo
rumbo que involucrará el final de su vida y el sentido de su muerte. Estos
versículos tienen, en el evangelio de Marcos, el carácter de bisagra que divide
en dos, las dos partes de un libro
abierto por su mitad, con un enunciado que pone título al futuro inmediato que
viene: Luego
comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía sufrir mucho y ser rechazado
por los notables, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley, que
sería condenado a muerte y resucitaría a los tres días.
La pregunta que nos hace el Maestro es para
hacer un diagnóstico del camino recorrido y ayudarnos a ser conscientes del
mismo.
"¿Quién dice la gente que soy yo?"…
"Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?". Nunca volverá a hacernos una pregunta semejante en todo el
camino que recorrimos con Él. Por eso que es una interrogación que exige
respuesta clara y directa, como lo es la pregunta. Las opiniones que le damos
por lo que hemos oído de otras personas no le satisfacen. Quiere nuestra
adhesión personal que se resiente inmediatamente con la conversación que
entabla con Pedro a quien reprenderá duramente por la oposición a la segunda
parte del camino que el Maestro nos propone: El que quiera seguirme, que renuncie a sí
mismo, tome su cruz y me siga. Pues el que quiera asegurar su vida la perderá,
y el que sacrifique su vida (por mí y) por el Evangelio, la salvará.
Las
palabras tajantes y duras que le dice a Pedro nos sorprenden. No suele
hablarnos de esta manera. Y a
nosotros nos resulta incompresible
que esté pensando ir a Jerusalén afirmando que será ejecutado. ¡Nosotros que lo
consideramos el mesías¡. Les hablaba de esto con toda claridad. Pero la
cruz, el fracaso del que habla, la exigencia que propugna no es fácilmente
aceptable. Por eso nuestro rechazo personificado en el deseo de Pedro que
hacerlo cambiar de opinión.
De
aquí en adelante hablará frecuentemente de la cruz, del camino de la cruz. Este
tema se encuentra encuadrado entre la curación de dos ciegos: el ciego de
Betsaida (8,22) y el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo (10, 46). Y en este
recorrido tres veces habla de su pasión: en el relato de hoy (8, 31); El Hijo del hombre que
va a ser entregado en manos de los hombres (9, 31) y: “como ven ustedes vamos Jerusalén donde el Hijo del hombre
va a ser entregado” en (10, 33). Los relatos de los ciegos parecen indicar
que son, somos, los discípulos quienes
realmente son, somos, ciegos y no ven,
no vemos, o no queremos ver, porque no queremos aceptar el camino de la cruz de
la que el Maestro nos está hablando: El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su
cruz y me siga.
Y lo seguimos. Pero continúa
costándonos tomar la cruz. Nos parece un fracaso. Nos parece la pérdida de la
vida en algo improductivo. Nos cuesta ser tachados de perdedores y fracasados. ¡Pero
queremos seguirlo¡. Y siguen resonando sus palabras finales: Pues el que
quiera asegurar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida (por mí y) por la
Buena Noticia, la salvará. ¿Tomamos la cruz?. No somos masoquistas
que la buscamos pero sí la asumimos cuando aparece en el camino siguiendo al
Maestro. ¡Animo¡ Saludos.
P. Esteban Merino Gómez, sdb.

No hay comentarios:
Publicar un comentario