MINUTO DOMINICAL“Hombre rico, hombre pobre: dos actitudes”
29 de Septiembre
de 2013. Domingo 26° Tiempo Ordinario.
Ciclo C – Evangelio de San Lucas 16, 19-131
Dos hombres: hombre rico y hombre pobre: Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los
días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su
portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del
rico...pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. Dos vidas. Dos historias. Dos caminos. Uno tiene
nombre propio: Lázaro,
el otro tiene un apelativo con el que es conocido: el rico Epulón
(opulencia: riqueza grande o
abundancia de una cosa. Abundancia, riqueza y sobra de bienes. Sobreabundancia de cualquier otra
cosa) La parábola es conocida como la Parábola del rico Epulón
y del pobre Lázaro. Viven
próximos. Uno está a la puerta del otro.
El rico nunca ha visto, al parecer, al
pobre Lázaro, enfermo, que con su perro busca en la basura su alimento.
Dos hombres. Terminan dos
vidas. Los dos son creyentes. Los dos se presentan delante de Dios. Lo que han
hecho en esta vida tiene consecuencias, es juzgado y tiene efectos en la otra vida o realidad definitiva. Cada uno vivió a su modo. Lázaro vive la
carencia, la indigencia, la postergación, la marginación. Es pobre material: ¿vasta
eso para ser bienaventurado?. Lucas no habla de Pobres de Espíritu, sino
simplemente de pobres (Lc. 6,20; 4, 18).
La pobreza, para San Lucas, es una actitud que libera y posibilita llegar a Dios.
Consecuentemente la riqueza: como posesión y actitud de suficiencia, poder,
capacidad, seguridad, autoendiosamiento,…
convierte al rico en adorador de sí mismo y la riqueza en su dios. Esto
cierra la puerta a la posibilidad de que el Dios de Jesús entre en la vida de
esa persona.
Dos hombres. Tercer
momento de esta historia. La evaluación de su vida delante de Dios: Vengan, benditos de mi Padre, tomen posesión del reino
preparado para ustedes desde el
principio del mundo. … Apártense de mí, malditos,
al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles… (Mt 25, 34. 41). Uno está al lado de Abraham. Al lado, del
lado, de Dios. El otro alejado de Dios. Separado. Espacio contrastado por el
sufrimiento de Epulón. Hijo, recuerda que recibiste tus bienes
durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí
consolado y tú atormentado. Es
así de automático, ¿ser rico es ser malo?. ¿Ser pobre es ser bueno?. La
dureza de la expresión en Lucas así lo insinúa. De tal forma la riqueza es un
modo de ser que deja de ser posesión de cosas materiales,
externas al hombre, para convertirse en una condición que modela y llena el
corazón. Insinúa que la riqueza hace hombres sin Dios, sino con dioses ante
quienes se postra.
Dos hombres: dos
familias. Cuarto momento. ¿Y mi familia vivirá esta misa condición? No se puede
negar que hay una preocupación por sus hermanos. Que les advierta y no vengan también ellos a este lugar de tormento. Es creyente. Pide a Dios, podríamos
decir que hasta exige e insiste, para que su ruego sea escuchado. Sigue
sintiéndose rico, con poder, con derecho, hasta, de exigir a Dios, un milagro,
una acción extraordinaria: No, padre Abrahán, que si alguno de entre los muertos va a
ellos, se convertirán; pide por intermedio de
Abraham, avisar a sus hermanos. La
respuesta es tajante: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán
aunque un muerto resucite. No es necesaria una presencia
extraordinaria de Dios, un milagro, sino una actitud de vida diferente guiada por el conocimiento y la puesta en práctica de la Palabra de Dios: Tienen a Moisés y a
los profetas; que les oigan. Y aquí termina, o mejor recomienza, la
historia. Para Epulón lo realizado en su vida es definitivo. Para sus hermanos y hermanas dependerá de las actitudes que asuman en esta vida y que no elijan otros dioses, con
minúscula, a quienes rindan tributo y entreguen su vida con un corazón duro y
olvido de Dios, con mayúscula, y del pobre Lázaro. ¿Quién es mi Dios, o mis dioses?. Saludos.
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