9/28/2013



img_2500_ch[1]MINUTO DOMINICAL
 “Hombre rico, hombre pobre: dos actitudes”

img_2500_ch[1]29 de Septiembre de 2013.   Domingo 26° Tiempo Ordinario.
Ciclo C –  Evangelio de San Lucas 16, 19-131
Dos hombres: hombre rico y hombre pobre: Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico...pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. Dos vidas. Dos historias. Dos caminos. Uno tiene nombre propio: Lázaro, el otro tiene un apelativo con el que es conocido: el rico Epulón (opulencia: riqueza grande o abundancia de una cosa. Abundancia, riqueza y sobra de bienes. Sobreabundancia de cualquier otra cosa) La parábola es conocida como la Parábola del rico Epulón y del pobre Lázaro. Viven próximos. Uno está  a la puerta del otro. El rico nunca  ha visto, al parecer, al pobre Lázaro, enfermo, que con su perro busca en la basura su alimento.

Dos hombres. Terminan dos vidas. Los dos son creyentes. Los dos se presentan delante de Dios. Lo que han hecho en esta vida tiene consecuencias, es juzgado y tiene efectos  en la otra vida o realidad definitiva.  Cada uno vivió a su modo. Lázaro vive la carencia, la indigencia, la postergación, la marginación. Es pobre material: ¿vasta eso para ser bienaventurado?. Lucas no habla de Pobres de Espíritu, sino simplemente de pobres (Lc.  6,20; 4, 18). La pobreza, para San Lucas, es una actitud que libera y posibilita llegar a Dios. Consecuentemente la riqueza: como posesión y actitud de suficiencia, poder, capacidad, seguridad, autoendiosamiento,…  convierte al rico en adorador de sí mismo y la riqueza en su dios. Esto cierra la puerta a la posibilidad de que el Dios de Jesús entre en la vida de esa persona.

Dos hombres. Tercer momento de esta historia. La evaluación de su vida  delante de Dios: Vengan, benditos de mi Padre, tomen posesión del reino preparado  para ustedes desde el principio del mundo. … Apártense de mí,  malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles… (Mt  25, 34. 41).  Uno está al lado de Abraham. Al lado, del lado, de Dios. El otro alejado de Dios. Separado. Espacio contrastado por el sufrimiento de Epulón. Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Es así de automático, ¿ser rico es ser malo?. ¿Ser pobre es ser bueno?. La dureza  de la expresión en Lucas  así lo insinúa. De tal forma la riqueza es un modo  de ser  que deja de ser posesión de cosas materiales, externas al hombre, para convertirse en una condición que modela y llena el corazón. Insinúa que la riqueza hace hombres sin Dios, sino con dioses ante quienes se postra.

Dos hombres: dos familias. Cuarto momento. ¿Y mi familia vivirá esta misa condición? No se puede negar que hay una preocupación por sus hermanos.  Que les advierta y no vengan también ellos a este lugar de tormento.  Es creyente. Pide a  Dios, podríamos decir que hasta exige e insiste, para que su ruego sea escuchado. Sigue sintiéndose rico, con poder, con derecho, hasta, de exigir a Dios, un milagro, una acción extraordinaria: No, padre Abrahán, que si alguno de entre los muertos va a ellos, se convertirán; pide por intermedio de Abraham, avisar a sus hermanos.  La respuesta es tajante: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán aunque un muerto resucite. No es necesaria una presencia extraordinaria de Dios, un milagro, sino una actitud de vida diferente guiada  por el conocimiento  y la puesta en práctica de la Palabra de Dios: Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan. Y aquí termina, o mejor recomienza, la historia. Para Epulón lo realizado en su vida es definitivo. Para sus  hermanos y hermanas  dependerá de las actitudes que asuman en  esta vida y que no elijan otros dioses, con minúscula, a quienes rindan tributo y entreguen su vida con un corazón duro y olvido de Dios, con mayúscula, y del pobre Lázaro. ¿Quién es mi Dios, o  mis dioses?. Saludos.

                                               P. Esteban Merino Gómez, sdb.

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